Obesidad Infantil 2
 
Existe una relación muy estrecha entre la obesidad de la madre y el estado nutricional de sus hijos. Por eso no se debe considerar que es al niño al que hay que tratarlo, sino que en el fondo esta enfermedad amerita un enfoque familiar. Un niño que durante su infancia mantiene un peso normal, tiene casi tres veces más probabilidades de ser un adolescente o un adulto de peso normal que un niño que desde pequeño está excedido.

Un niño “gordito” es en general, además, un niño “alto”, pero este crecimiento acelerado, producto de la sobrealimentación, se ve estancado a eso de los 4 años. A esa edad sus pares se igualan en estatura y en cambio el “gordito” queda solo como “gordito” y ya no como “grande”. Esta es la excusa que hace que muchas madres no se preocupen mayormente del tema, ya que su hijo no es “gordo”, sino que es “grande”.

La composición genética poblacional Chilena no ha cambiado mucho que digamos en los últimos treina años, pero sí ha cambiado la cantidad de obesos. De esto se puede interpretar lógicamente que la causa ha sido más bien ambiental que genética. Aquí participa en forma notable la adquisición de hábitos alimentarios extranjeros y el elevado sedentarismo. Ambos, producto del desarrollo económico, la globalización, la industrialización y la inserción de la mujer al campo laboral. Todos reconocemos los beneficios del desarrollo. Se podría decir entonces, que el costo del desarrollo ha sido en nuestro caso, la salud de nuestra población.

Lo que se espera de la población de un país, no es que cada uno de sus integrantes se encuentre en su peso adecuado, eso sería utópico. Se manejan cifras de esperanza para cada estado nutricional. Es decir, se considera que debiera existir cerca del 5% de la población dentro de situaciones nutricionales límites, tanto de deficit como de exceso. En este caso, un 2.5% de desnutridos y otro 2.5% de obesos. A su vez, se espera encontrar al 26% de los Chilenos en situación no tan extrema, pero tampoco normal. Me refiero a que debiera haber 13% de chilenos con riesgo de desnutrir (los llamados “flacos”) y otro 13% con sobrepeso (los llamados “rellenitos”). Y por ultimo se espera que el 68% de los Chilenos esté con su peso normal.

Entre los años 70 y el 2000 hemos vivido una transición nutricional y los cambios se han dado velozmente. De una alta prevalencia de desnutrición de alrededor del 15% en 1975, a menos del 1% en nuestros días. En el mismo período ha aumentado la obesidad en forma explosiva, y sobretodo en preescolares, adolescents, embarazadas y mujeres de nivel socioeconómico bajo.

Ante este cambio en el perfil epidemiológico del país, el Ministerio de Salud considera la prevención de la obesidad como una prioridad para niños, adolescentes y mujeres.

Cómo cambió nuestra dieta?
Antes el trigo, las verduras y papas abundaban en nuestra dieta. Esta era baja en grasas y productos animales. Ahora es alta en grasas (de 13 Kg percápita al año a 18 kg/año.), azúcar (de 30 Kg percápita al año a 42 kg/año) y alimentos procesados, y su consumo es estimulado por fuertes campañas publicitarias.

También ha aumentado el consumo de pollo, productos lácteos (sobretodo el queso y el yogurt), embutidos (cecinas) y ha disminuido el de cereales, pescado, verdures, frutas y legumbres. A este tipo de dieta se le llama “dieta Occidental”.

El niño gordo no es un niño feliz
El niño “gordito” acarrea, además de sus kilos demás, transtornos metabólicos (colesterol alto, diabetes tipo 2, insulinorresistencia), problemas traumatológicos (rodillas juntas, pies planos, problemas posturales), trastornos sicológicos (baja autoestima) y otros como la apnea del sueño. En Chile 1 de cada 3 niños en edad escolar son obesos.

Sicológicamente creo que el niño “gordito” hoy lo pasa muy mal. Son personas cuya alma está inserta en un cuerpo voluminoso que les impide relacionarse y desarrollarse como debieran. Con una muy baja autoestima se genera un nivel de seguridad bajísimo, el cual se demuestra a través de una personalidad tímida y sumisa o intenta esconderse bajo la caparazón de una personalidad extrovertida y abasalladora, pero que en el fondo sufre muchísimo. Esto se traduce a su vez en un bajo rendimiento escolar. Y para qué hablar del rendimiento en asignaturas donde el cuerpo es el principal instrumento. En la asignatura de educación física durante años se ha antepuesto la destreza física del niño a la práctica deportiva en sí y esto deja al niño “gordito” como un torpe que está condenado al fracaso.

Consejos para prevenir y tratar el sobrepeso en un niño pequeño:
2 a 4 años
  • Trate de no llevar al niño al supermercado a la hora en que le toca comer
  • No permita que deguste alimentos dentro del supermercado antes de comer
  • Variar lo que el niño come a diario partiendo por comprar de todo, cocinarlo de variadas maneras, aliñar distinto, y no caer en la monotonía.Ni al desayuno, ni en las colaciones, ni en las ensaladas ni el postre, etc…
  • Oferta de ensaladas SIEMPRE aunque no se las coma (2 cucharadas basta)
  • Si va al Jardín temprano, levántelo un poco antes para que alcance a desayunar tranquilamente.
  • No ponga el salero en la mesa.
  • No le ponga azúcar a las mamaderas ni jugos de fruta ni postres de fruta. Está demás. El niño está familiarizándose con los sabores de los alimentos por si solos. No contribuya a que sea de esos que no encuentra nada suficientemente dulce.
  • Ofrezca los alimentos al niño en platitos chicos o pocillos pequeños.
  • NUNCA permita que el niño reemplace un vaso de leche o 1 yogurt por 1 taza de té o café.

4 a 6 años
  • Procure que no pasen más de 4 horas entre un tiempo de comida y otro: ej: 7:00, 10:00, 13:00, 16:30 y 20:00 hrs.
  • No deje que el niño saque azúcar del azucarero y la use según su criterio.
  • Compre leche semidescremada. El niño, aunque tenga su peso normal no necesita tomar leche entera.
  • No premie a su hijo con golosinas por haberse portado bien. Cuando sea grande se va a premiar a sí mismo con golosinas cada vez que pueda.
  • Cambie el queso por queso fresco. La leche entera por semidescremada. El paté por jamón. La mantequilla por palta. El pan normal por pan de molde. El jamón de cerdo por jamón de pavo. Las vienesas por huevo. Las frituras por preparaciones a la caserola o al horno. Las bebidas con azúcar por bebidas sin azúcar.
  • No acostumbre al niño a la mantequilla o margarina como si fuera anormal comer un pan con miel sin necesidad de anteponer la clásica capa de grasa.
  • No le de al niño ONCE a la hora de comida. Dele un tentempié en la tarde que sea pequeño y nutritivo y en la noche debiera CENAR algo parecido al almuerzo. El hábito de la ONCE – COMIDA solo favorece familias “gorditas”
  • El niño NO debe manejar aún dinero ni mesadas
  • Procure ofrecer “Comidas rápidas” no más de 1 vez por semana y no los etiquete de “malos”. Lo malo no está en la chatarra, sino en cuán seguido la comemos.
EQUIPO PORTAL NUTRICIONAL

 
 

 
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